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La sección oficial de Cinema Jove radiografía la desorientación de la juventud contemporánea

Cultura

31 may, 2017

• Las 10 películas a concurso proceden de Sudáfrica, México, India, Polonia, Sri Lanka, Bélgica, Argentina, Brasil, Austria y Colombia
• Los largometrajes han sido dirigidos en un 60% por mujeres
• La sección de cortos está compuesta por 64 piezas, entre las que se encuentran títulos seleccionados en Cannes, Toronto, Locarno, Rotterdam, Berlín, Annecy y Hot Docks Canadá

Edición tras edición, y van 32, Cinema Jove, el festival cinematográfico de referencia del Institut Valencià de Cultura de la Generalitat, se convierte en un renacer de las inquietudes de las jóvenes generaciones a través de las propuestas de sus directores a concurso. Este año, la mayor parte de los largos que conforman la sección oficial sitúa a sus personajes en encrucijadas personales. “En su conjunto, la programación diagnostica el presente para, más que darle soluciones, brindar una radiografía del aquí y el ahora de los más jóvenes”, afirma el director del festival, Carlos Madrid.

Según el secretario autonómico de Cultura, Albert Girona, «hoy desvelamos una de las partes importantes de la edición 2017 de Cinema Jove, que en sí misma empieza una nueva etapa del festival y que trata una temática social central con una selección de títulos realmente acertada».

Conflictos de género, de familia y de identidad se pueden rastrear en las películas procedentes de Polonia, Brasil, México, Bélgica, Argentina y Austria. El resto de los títulos seleccionados repara en el contexto socio-político de sus países, recalcando el machismo de las sociedades de India y Sri Lanka, el tabú de la homosexualidad entre la población negra de Sudáfrica y la decadencia del centro histórico de Bogotá.

Las películas vienen avaladas por su presencia y su reconocimiento en los principales festivales de cine del mundo. Hay largos seleccionados en Cannes, Berlín y Sundance, y proyectos ganadores en Rotterdam, Guadalajara, Tokyo, Río, São Paulo y el SXSW de Austin. Y, por primera vez en la historia del festival, el número de directoras supera al de hombres, con un 60% de los títulos seleccionados liderados por mujeres, lo que, en opinión del director, “denota normalidad, ya que no ha sido un porcentaje buscado, sino fruto de la casualidad”.

Entre los filmes seleccionados hay espacio para la erótica de alto voltaje, con los ejemplos de la belga Even Lovers Get The Blues, donde a ritmo de música y espoleados por el duelo, un grupo de jóvenes de treinta años trata de resolver sus problemas existenciales, y de la polaca Satan Said Dance, un muestrario en Instagram de los excesos de su desubicada protagonista. Las tensiones paterno-filiales afloran en la brasileña La mujer del padre, sobre la hija adolescente de un hombre ciego, atrapada en un rincón rural en la frontera de Brasil con Uruguay, y el choque violento entre el padre y el hijo de la argentina Vigilia. Hay dramas iniciáticos, con independencia de la edad de sus protagonistas, como la austriaca Seventeen, protagonizada por una adolescente que vive, ama y crece en un pueblo, y la mexicana Los años azules, donde cinco jóvenes de veinte años definen sus vidas bajo una parte del techo de una vieja casa y delante de la atenta mirada de un gato. En un envite reivindicativo, el comité seleccionador ha apoyado dos proyectos de riesgo para sus directores, la película de Sri Lanka Burning Birds, donde su autor ha sorteado la censura en el retrato de la guerra civil en su país, y la sudafricana The Wound, donde se revela un rito de circuncisión vivido en primera persona por Nelson Mandela y condenado por las asociaciones de derechos humanos por las decenas de muertos que provoca cada año. Finalmente, hay lugar para el terror psicológico en la india Sexy Durga, sobre la huida nocturna de una pareja de Kerala, donde se pone de manifiesto la opresión a la mujer en el subcontinente, y para el costumbrismo en la colombiana La defensa del dragón, que retrata la decadencia de un trío de viejos amigos, y por extensión, del centro histórico de Bogotá, con un tablero de ajedrez de fondo.

Cortos con medalla

En la sección de cortos a concurso de Cinema Jove, también hay obras seleccionadas y premiadas en los principales foros del cine internacional. Entre las más de 60 piezas programadas, hay proyectos que han pasado por Cannes (Il Silenzio, Pequeño manifiesto en contra del cine solemne y La Santa che dorme), Toronto (Submarine), Locarno (Las vísceras), Berlín (Miss Holocaust, Hiwa, Turtles Are Away From Home y Cidade pequeña), Rotterdam (Long Bueno), Hot Docks Canadá (Guzla) y San Sebastián (La disco resplandece).

Un buen puñado de obras premiadas, como Nuestra amiga la Luna, mejor corto en Málaga 2017; Negative Space, premio Unifrance; Ayny, ganadora de los Student Academy Awards; Nuestro viejo y el mar, mejor dirección en Málaga; Jenny, cuyo protagonista fue galardonado como mejor actor en los Max Ophuls; y The Transfer, que además de ser reconocida con el premio Max Ophuls, estuvo seleccionada en Clermont-Ferrand, Down To The Wire, mejor corto de animación en Málaga. Esta última propuesta es una de las 12 de animación elegidas a concurso por Cinema Jove, muestra de la apuesta del festival por este género.

La acentuada vocación internacional del certamen queda acreditada con el origen de todos sus trabajos, procedentes de las filmografías europea, asiática, africana o latinoamericana. Pero también hay producto patrio, con seis cortos valencianos a concurso, Bienvenido a casa, El vestido, Life In Boxes, The Neverending Wall, La disco resplandece y Las vísceras.

Largometrajes que optan a la Luna de Valencia

- Satan Said Dance (Polònia-Holanda). La presència de la directora *Kasia Ros?aniec en Cinema Jove es reincidente. En 2010, fue ganadora de la Luna de Valencia por su ópera primera, Galerianki (Mall Girls), un éxito de taquilla en su país. Su retorno a Cinema Jove sigue la línea de fidelidad del festival con los directores que ha descubierto en el pasado, como es el caso de Ruben Östlund, último ganador de la Palma de Oro en Cannes, reconocido con la Luna de Valencia Especial en 2015, y a lo que se dio a conocer en Cinema Jove con Involuntary en 2009.

La segunda película de Roslaniec, Baby Blues, también arrasó en Polonia, y se levantó con el Oso de Cristal al mejor film en la Sección Generación de la Berlinale 2013. El tercer título de su filmografía vuelve a poner el foco en las chicas jóvenes de hoy, cuya realidad gira en torno a las compras, el sexo de riesgo, el alcohol, las drogas y la creación de una imagen propia. Satan Said Dance es una propuesta calidoscópica realizada en Instagram, cuya protagonista, una joven y reconocida escritora de 20 años, despliega su vida turbulenta en 54 cortes de dos minutos en su cuenta en esta red social. Les fiestas, el consumo y complejas relaciones personales son los ladrillos que argamasan su camino hacia la autodestrucción. Este drama en los tiempos del selfie incide en la soledad y en el egoísmo. Estuvo seleccionada en la sección global del festival de Austin SXSW.

- Sexy Durga (India). La segunda película de Sanal Kumar Sasidharan fue la ganadora de la última edición del Festival de Rotterdam. Esta road movie, a medio camino entre el documental antropológico y el thriller de terror psicológico, es un vibrante retrato de la sociedad india actual. En su reválida, el director lleva al extremo la improvisación que caracterizó su primer film, An Off-Day Game (2015). Para esta ocasión, ni tan siquiera ha contado con guión y la totalidad del film se rodó en una noche. La película está protagonizada por una pareja que, presumiblemente, huye de la ira de su familia. En su escapada en una estación de tren, deciden hacer auto-stop y son recogidos por cuatro jóvenes en una furgoneta que les procuran un viaje siniestro, punteado con música trash-metall y luces de neón. La trama transcurre en paralelo a escenas del rito tradicional anual de Garudan Thookkam en Kerala, durante el cual los hombres muestran su fe a la diosa Durga suspendiendo sus cuerpos atravesados por grandes ganchos.

-Seventeen (Austria). La ópera prima de Monja Art tiene un componente autobiográfico. Como la directora, su protagonista cursa el instituto en una zona rural de la baja Austria, y siendo el arrebato del deseo de la adolescencia, sin reparar en el género. Con antelación, Monja ya había rodado un documental sobre chicas jóvenes, Forever Not Alone, pero durante el proceso de filmación, se percató que quería forjar su propio mundo. El resultado es una montaña rusa emocional sobre la adolescencia. Seventeen es un retrato de la juventud rural, “donde encuentras a todos tus amigos el fin de semana en la pequeña discoteca del pueblo, montas en el autobús a la escuela con todos ellos, a menudo vas de un pueblo a otro, pasas el tiempo de ocio al aire libre, en un pequeño banco de madera o en un estanque, y donde no hay ningún deseo de ir a la gran ciudad porque todo está aquí - todo lo que es grande, pero también todo lo que puede dañar terriblemente”, sintetiza Art. La película fue reconocida con los galardones a la mejor película y actriz en los Max Ophüls Prize 2017, destinados a reconocer a los jóvenes talentos del cine en alemán.

-La defensa del dragón (Colombia). Un profesor de ajedrez, un relojero y un homeópata son los protagonistas de la ópera delgada de Natalia Santa. La directora de Bogotá ha hecho historia al ser la primera colombiana seleccionada en la prestigiosa Quincena de Realizadores del Festival de Cannes, que en el pasado ha seleccionado a autores hoy consagrados como Martin Scorsese, Michael Haneke, Spike Lee y Sofia Coppola. Su película es un homenaje en el centro histórico de la capital, inspirado en el trabajo fotográfico del marido de la realizadora, Iván Herrera, que en sus series ha retratado negocios en decadencia que se resisten a cerrar, como el club de ajedrez Lasker. La pareja de Santa también ha ejercido de director de fotografía del film, a lo que le ha impreso un tono visual de huella nostálgica a partir del uso de lentes antiguas en una cámara Bolex digital que imita al original de 16 milímetros.

-Los años azules (México). Hubo un tiempo, en la veintena, en el que la directora Sofia Gómez Cordova compartió su vida con un grupo de extraños en una casa vieja a punto de desmoronarse en un barrio tradicional del centro de Guadalajara. Fue tal la huella que dejaron en su vida, que su ópera prima bebe de los recuerdos de aquel lustro, de los sueños y los planes de futuro de la familia disfuncional que forjó. Entre sus fuentes de inspiración se encuentran clásicos norteamericanos recientes, como La última película (Peter Bogdanovich, 1971) y Extraños en el paraíso (Jim Jarmusch, 1984). Los años azules fue premiada con el galardón a la mejor dirección, actriz y premio Fipresci en el pasado Festival Internacional de Cine de Guadalajara. El drama generacional es su debut en la realización después de la coescriptura de Somos Mari Pepa, exhibida en más de 50 festivales, incluyendo la 64 Berlinale.

- Vigilia (Argentina-Uruguay). La madurez del drama seco y contenido de Julieta Ledesma Vigilia poco hace presagiar que estemos delante de una ópera prima. Para su debut en la dirección, la realizadora ha desarrollado un film deslumbrador en su puesta en escena, heredera de las vanguardias históricas argentinas de los sesenta. No en vano, la directora y guionista cita a Leopoldo Torres Nilsson como una de sus referencias. También alude en el cine de Leonardo Favio, o a los trabajos más recientes de Lucrecia Martel y Diego Lerman. La película se rodó en Santiago del Estero, una provincia al norte de Argentina cuyos paisajes se prestan para arropar una historia de pesadilla en un paisaje de sequía, donde las imágenes cobran un fuerte significado simbólico. En síntesis, Vigilia es la historia de un duelo entre un padre y un hijo. Las tensiones que los han llevado hasta este cisma violento son la homosexualidad, la violencia de género, las relaciones de poder en la familia y las secuelas de una guerra reciente, que podría ser la de las Malvinas. La película ganó el premio Ópera Prima del Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales de Argentina y la Latinoamérica Primera Copia del Festival de la Habana.

-Burning Birds (Sri Lanka). La ópera prima de Sanjeewa Pushpakumara,
Flying Fish, fue censurada por el gobierno de su país en 2011, de manera que para afrontar su segunda película, el director estudió la dinámica de los directores iraníes para sortear a las autoridades. Así, en este caso, y al contrario de su film previo, donde se veía a soldados cometiendo atrocidades, los villanos de Burning Birds son civiles y paramilitares. El drama está ambientado en 1989, y la protagonista es una viuda arrojada a todo tipo de penurias para sacar adelante a su numerosa familia. Pushpakumara desarrolló el proyecto con la ayuda del programa de residencia Cannes Cinéfondation, el apoyo del Instituto del Cine de Doha y el Hubert Bals Fund del Festival de Rotterdam. Además, durante siete meses, desarrolló el relato en la Jerusalem International Film Lab con uno de los más prestigiosos asesores de guión, Jacques Akchoti. La película, una exploración de las secuelas de la guerra civil en el país asiático, fue reconocida en Tokyo con el Premio del Jurado. Destaca su cuidada fotografía, donde el realizador plasma su gusto por la obra de Caravaggio y Rembrandt.

-The Wound (Suráfrica). En su biografía, Un largo camino hacia la libertad, Nelson Mandela se refería con agradecimiento al rito de circuncisión Ukwaluka al que fue sometido. “Recuerdo caminar más recto aquel día, más alto, más firme. Estaba lleno de esperanza, y pensaba que un día tendría riqueza, propiedades y estatus”. John Tengrove ha decidido documentar esta tradición del paso masculino a la vida adulta, propio de la tribu Xhosa, pero incidiendo en la persistencia de la homosexualidad como tabú en la sociedad negra sudafricana. Para ser fiel a la realidad, el director, blanco, escribió el guión con el novelista Xhosa Thando Mgqolozana, que describió el universo de este ritual en su libro A Man Who is Not a Man. Antes incluso del estreno, sus actores protagonistas fueron amenazados de muerte por revelar los secretos de una práctica secreta, que cada año se cobra sus víctimas por las condiciones poco higiénicas de la operación, entre muertos, afectados de gangrena y de infecciones. Tengrove debuta con este largo en la dirección de cine, después del éxito de su miniserie Hopeville, nominada a un Emmy.

-Even Lovers Get The Blues (Bélgica). El drama generacional de Laurent Micheli arranca con un orgasmo simultáneo de todos sus protagonistas. Toda una declaración de intenciones de este director precoz, que para su debut, ha decidido abordar una historia coral sobre jóvenes desorientados en los treinta. Será a través del amor y del sexo donde encuentran respuestas a las cuestiones existenciales. Referente a esto, lejos de los estándares convencionales, la película está plagada de escenas de sexo dotadas de espontaneidad y de verdad. Micheli es un hombre de teatro, donde tiene experiencia tanto como actor como en calidad de director antes de fundar su propia compañía. Por este motivo ha trasladado su dinámica de trabajo en las tablas al set de rodaje, con la participación de los actores en el desarrollo del guión. La música juega un papel muy importante, con escenas de conciertos, secuencias cantadas e interpretaciones con efectos de ralentización y playback que parecen vídeos musicales.

-La mujer del padre (Brasil-Uruguay). La ópera prima de Cristiane Oliveira bebe de dos fuentes. La primera es personal, las sensaciones que le provocó el encuentro con su padre a los 17 años, después de una relación distante. La segunda es profesional, el interés que le despertó la angustia de la pérdida de la memoria entre las personas que sufren súbitamente de ceguera durante la búsqueda de su primero corto Mesalina (2004), exhibido en 20 muestras internacionales y reconocido con 13 premios. El film está ambientado en la región fronteriza de Torquato Severo, uno de los muchos lugares de Brasil que entraron en decadencia económica con la finalidad de los trenes de pasajeros en la década de los cincuenta. El entorno ayuda a subrayar la condición de aislamiento y de desubicación del adolescente que protagoniza el film, hija de un hombre ciego. La mujer del padre recibió tres premios en el Festival de Río, dirección, fotografía y actriz de reparto y el premio Abraccine de la Crítica en la Muestra Internacional de São Paulo.

El Festival Internacional de Cine de Valencia – Cinema Jove está organizado por el Institut Valencià de Cultura, y tiene como objetivo la promoción de jóvenes cineastas. La cita con las últimas tendencias del audiovisual está programada del 23 de junio al 1 de julio.

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